Badger Bites – ¿Es el feminismo una religión?

B

Traducción de un artículo original de Honey Badger Brigade.

Karen Straughan

¿Por qué sé que el feminismo es una religión?

Porque con cinco violaciones y dos agresiones sexuales, y mediante el poder de la feminidad divina inherente en la frase “escuchad y creed”, puede convertir tan exiguo número en un auténtico festín de violencia sexual.

Este milagro es lo bastante espectacular como para que se ganen el pan muy bien miles de defensores, consejeros y activistas de grupos de presión, y para cosechar cientos de miles de votos para los políticos que canten el himno adecuado.

Igual que Jesús alimentó a las multitudes con siete hogazas de pan y unos pocos pececillos, el feminismo ha conseguido conjurar e invocar una cultura de la violación generalizada, a partir de un material tan insignificante como 80 agresiones sexuales denunciadas en la Universidad de Minnesota entre 2011 y 2014.

¿Cómo lleva a cabo semejantes milagros el feminismo? Mediante sus números místicos. No hablo del 666, sino del 12% y del 1 de cada 5.

Un reciente desglose de las cifras del feminismo por parte de Mark J. Perry, del American Enterprise Institute, demuestra esta excepcional habilidad de la aritmética feminista, una fe con la cual 2+2 puede sumar 5 sin problemas. O 94. O cualquier número que a una feminista le gustaría que sumase.

1 de cada 5 es la proporción de universitarias que sufrirán una agresión sexual durante sus 4 años en la universidad.

El 12%% es el porcentaje de mujeres agredidas sexualmente que denunciarán esas agresiones.

En la universidad de Minnesota, entre 2011 y 2014, 80 personas (damos por hecho que todas eran mujeres, porque la fe promueve la caridad) informaron de agresiones sexuales. Sí efectivamente este número representa sólo el 12% de todas las agresiones, eso quiere decir que en ese período de 4 años ocurrieron unas 667 agresiones sexuales, denunciadas o no, en esa universidad.

¿Pero qué nos dice el otro número místico feminista, 1 de cada 5? De las 26.000 estudiantes femeninas de ese campus, en un período de 4 años cualquiera, 5.200 habrán sido agredidas.

¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede 667 ser igual a 5.200?

¿Cómo pueden estos números funcionar de la misma manera en casi cualquier otra escuela? No 1 de cada 5, sino que van desde 1 de cada 20 a 1 de cada 80. ¿Utilizando los números mágicos del feminismo?

¿Cómo, os pregunto? ¿Cómo es posible?

Veréis, jovencitos, hace falta fe. Fe en las experiencias personales de la propia mujer. Fe en la rectitud de la causa. Y más que ninguna otra cosa, hace falta fe en el conocimiento puro e inmaculado de que, incluso si te equivocas, estás en lo cierto; que incluso si lo que dices es una completa y total sandez, estás iniciando un debate necesario por una causa noble y necesaria.

 

Theryn Meyer

La epistemología es el estudio de cómo llegamos a saber lo que conocemos, con especial hincapié en sus límites y su validez. A lo largo de la historia, ha habido dos epistemologías principales, que a menudo compiten y están en conflicto: la ciencia (basada en el método científico) y la religión (basada en la fe).

El Método Científico describe aquellos principios y procedimientos empleados para buscar conocimiento de forma sistemática, que incluyen el reconocimiento y formulación de un problema, la recopilación de datos mediante la observación y la experimentación, la formulación y comprobación de hipótesis, la construcción de teorías y la modificación de dichas teorías en base a nueva información obtenida mediante la repetición de los mencionados principios y procedimientos.

La Fe, por otro lado, se puede definir como la creencia inquebrantable en una hipótesis o un conjunto de hipótesis, que no han superado la prueba del método científico.

Por lo tanto, la Religión es un conjunto o un sistema (personal o institucionalizado) de actitudes, creencias y costumbres fijas, sostenido o adoptado por el individuo en base a la fe en que tales actitudes, creencias y costumbres han sido establecidas por uno o varios dioses, o por un poder o autoridad superior.

Según mis observaciones, el feminismo funciona de manera infinitamente más parecida a la religión que a la ciencia.

Sin embargo, la joya de la corona al hablar de los paralelismos entre el feminismo y la religión, es la vieja falacia de la infalsificabilidad; es decir, una teoría o hipótesis formulada de tal forma que no puede ser contradicha por el método científico. LogicallyFallacious nos da un ejemplo muy ingenioso:

En mi ano viven unicornios diminutos e invisibles. Por desgracia, ningún aparato científico los puede detectar.

Algunos ejemplos de la típica sofistería infalsificable en la religión:

Persona no religiosa: Nunca he visto a Dios, ni lo he sentido ni lo he experimentado, y tampoco las consecuencias de las acciones de Dios en mi vida. Todo lo que he visto, sentido o experimentado se puede explicar mucho mejor mediante la razón, la lógica y el método científico.

Persona religiosa: Eso es porque no has dejado que Dios entre en tu corazón.

Sin embargo, la única forma de medir si uno ha dejado que Dios entre en su corazón es verlo, sentirlo o experimentarlo, a Él o las consecuencias de Sus actos en la vida de uno. No sólo se trata de lógica circular, sino que es imposible demostrar su falsedad.

Da la impresión de que las feministas toman prestadas estas tácticas de los religiosos:

Mujer no feminista: Nunca he visto, sentido ni experimentado al patriarcado ni sus consecuencias en mi vida. Nada de lo que he visto, sentido o experimentado me dice que forme parte de una clase oprimida.

Feministas: O bien has asimilado tu opresión de forma inconsciente, y sufres de misoginia interiorizada, o no has aprendido todavía a detectar el patriarcado.

Los paralelismos entre la religión y el feminismo no se deben identificar con la intención de denigrar a las personas con fe. Personalmente no tengo ningún problema con que la gente tenga creencias personales que no pasen por el método científico, siempre que sigan siendo eso… personales. La epistemología, cómo llegamos a saber lo que conocemos, es una disciplina complicada, y el método científico no es perfecto. Sin embargo, es el mejor método que tenemos.

La mayor parte de la civilización occidental ha conseguido establecer una separación clara entre la Iglesia y el Estado, para asegurarse de que las creencias que no superan el método científico no sean universalizadas ni impuestas sobre otros. Desgraciadamente, no existe una separación similar que nos separe del culto del feminismo.

Anna Cherry

¿Qué es la religión? El sociólogo Durkheim definió la religión como “un sistema unificado de creencias y costumbres relativas a lo sagrado”. Con “lo sagrado”, se refería a cosas “separadas y prohibidas, creencias y prácticas que reúnen a todos aquellos que se adhieren a ellas en una sola comunidad moral, denominada Iglesia”.

¿Por qué se puede considerar el feminismo una religión? Repasemos una lista de doctrinas compartidas entre el feminismo y el pensamiento religioso:

Tiene una lista de ideas blasfemas que rechaza. Creer en alguno de estos conceptos considerados “blasfemos” es arriesgarse a la expulsión del grupo y al ostracismo. De entre estas ideas, las más prominentes en el feminismo son el Patriarcado y la Cultura de la Violación. De forma similar a cuestionar si Jesús era realmente el hijo de Dios que llevaba a cabo milagros, el mínimo indicio de cuestionar la existencia del Patriarcado es una forma rápida y segura de convertirse en un paria y un apóstata.

Exige la unificación de las creencias. “¡Un apóstata es la más vil de las criaturas a ojos de Dios!” Las apóstatas del feminismo, o incluso las mujeres que simplemente no se consideran feministas, son intimidadas y crucificadas socialmente, sin importar lo famosas o poderosas que sean, hasta que se arrepienten y vuelven al redil. Algunos ejemplos notables de esto son los de Lady Gaga, Taylor Swift, Katy Perry, Beyonce, Susan Sarandon y Vanessa Hudgens. (Fuente). Nosotros, los Honey Badgers, como apóstatas definitivos del feminismo, y especialmente Alison, sufrimos en primera persona exclusión y ataques durante la Calgary Expo del año pasado, y hace poco a mí me despidieron de mi trabajo de modelo cosplay por no estar de acuerdo con la Cultura de la Violación. Otra famosa antifeminista, y candidata política, Lauren Southern, fue considerada enemiga pública número 1, y casi expulsada de su partido político por estar en desacuerdo con la existencia de una Cultura de la Violación en Occidente.

Exige la creencia inquebrantable, como propuso Anita Sarkeesian: “Escuchad y creed” a las mujeres en vez de examinar de forma crítica sus afirmaciones. Otras feministas lo han llevado más lejos y exigen la fe sin prueba alguna, algo que podría decirse que es un emblema de la religión:

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[Post de Facebook: Nunca deberían hacer falta “pruebas” para creer a una víctima de violación, sin importar las circunstancias]

 

La mujer idealizada y el hombre monstruoso

Por Doctor O

La mujer idealizada, nuestro único Dios verdadero, es débil y fuerte, capaz e incapaz, moralmente superior y carente de cualquier tipo de responsabilidad o agencia. De hecho, no es ninguna de estas cualidades la que la hace nuestro ser supremo. Es su tendencia a fluctuar constantemente entre el yin y el yang de estos rasgos opuestos. Esto la convierte en infalible en un sentido profundo.

El hombre monstruoso es el diablo. Una máquina violadora y violenta a la que no le importa causar dolor a la mujer, ni tratarla con condescendencia. Si la protege, es porque es una posesión valiosa para él, y si muere por ella, lo único que hace es robarle la dignidad de morir por sí misma. Tanto su amor como su odio por la mujer conforman su estrategia compuesta para castigarla.

 

Hannah Wallen

El diccionario Merriam Webster define la religión de la siguiente forma:

  • 1a:  el estado de un religioso (“una monja en su vigésimo año de religión”)
  • b (1):  el servicio y adoración a Dios o a lo sobrenatural
  • (2):  el compromiso o la devoción de la fe o la práctica religiosa
  • 2: un conjunto personal o un sistema institucionalizado de actitudes, creencias y prácticas religiosas
  • arcaico:  conformidad escrupulosa: conciencia
  • 4: una causa, principio o sistema de creencias sostenidos con ardor y fe

Y define “religioso” como:

  • 1: relacionado o que manifiesta devoción fiel a una entidad o deidad última y reconocida (“una persona religiosa”, “actitudes religiosas”)
  • 2: de, relacionado con o devoto de creencias o prácticas religiosas (“se unió a una orden religiosa”)
  • 3a:  escrupulosa y conscientemente fiel

 

En base a esto, podría definirse una religión como un conjunto personal o un sistema institucionalizado de actitudes, creencias y prácticas relacionado con o que manifiesta devoción fiel a una realidad o deidad última y reconocida. Según esta definición, el feminismo es, sin ninguna duda, una religión.

Esta “realidad última” es la afirmación de que las mujeres son una clase excepcionalmente oprimida. Es una creencia que los fieles de esta religión adoptan y defienden a pesar de las importantes pruebas que la contradicen, y alrededor de esta creencia han construido muchos otros elementos de su religión.

El equivalente de la moralidad en esta ideología es una actitud social existente, el ginocentrismo. No se nombra en el dogma feminista, pero es la actitud subyacente de todos sus aspectos. Consiste en convertir problemas de derechos humanos en problemas de género, considerando que las experiencias e intereses femeninos son excepcionalmente relevantes y significativos, y que las mujeres y las niñas merecen de forma excepcional el alivio y la protección ante la adversidad.

El bien último aparece representado como la mujer, pero no como manifestación de una deidad. La deidad, en la religión, es la demostración última de la agencia, así que según el dogma feminista, la deidad deberían ser los hombres. La teoría del patriarcado, el texto sagrado de esta religión, convierte a los hombres en dioses malvados, al mismo tiempo dioses y demonios; una entidad con el poder de un dios, lleno de intenciones malignas, empeñado en impedir que el bien último desarrolle completamente su potencial. Son retratados y debatidos como si fuesen los responsables de todo; excepcionalmente culpables de causar desgracias a la mujer, y al mismo tiempo responsables de proveerla de socorro.

Las mujeres son retratadas y debatidas como víctimas desgraciadas y desamparadas que intentan avanzar por la vida, dependiendo de la “deidad” del gobierno dominado por el hombre, y al mismo tiempo amenazada por el “demonio” de la opresión masculina… lo cual nos convierte [a las mujeres] en el único equivalente feminista a la representación religiosa del ser humano.

El concepto del pecado, especialmente la blasfemia, lo cubre el concepto de “misoginia”, definido como el odio a la mujer, la cual representa, recordemos, el bien último.

La teoría feminista se trata como las sagradas escrituras: incuestionable para sus seguidores, y por lo tanto dada por cierta e irrefutable. Los que no la suscriben son tratados como herejes, que deben ser evangelizados, asimilados e intimidados hasta que se vuelvan dóciles, o bien excluidos por no responder a la llamada. Los argumentos que refutan aspectos de la teoría se toman como ataques ilegítimos a la iglesia, que sólo necesitan ser tachados de pecado/blasfemia, en lugar de ser contraargumentarlos de manera racional.

El sistema institucionalizado es el propio catecismo religioso del feminismo, y el trabajo académico que hay tras él: Los estudios de la mujer. Los espacios seguros son sus iglesias, las marchas Take back the night y Slutwalks son sus convenciones.

Esta combinación de comportamientos convierten al feminismo en un sistema de creencias en una realidad última, basado en la fe e institucionalizado: una religión.

 

DoctorRandomerCam

La religión y la placenta de la ontología autoritaria

Se podría decir que la religión es el estudio de lo desconocido. Convendría entonces recordar que TODO estudio es un estudio de lo desconocido. En eso consiste estudiar. Tanto la ciencia como la religión son estudios de lo desconocido. ¿Por qué son tan radicalmente diferentes? A ver, la ciencia tiene que ver con descubrir qué partes de “lo desconocido” que son cognoscibles (por ejemplo, por qué la gente se pone enferma, cómo construir un edificio que se tenga en pie…) y la religión tiene que ver con descubrir qué partes de “lo desconocido” no son cognoscibles. Como Dios. O si eres postmodernista, absolutamente todo.

Lo que hace la ciencia, tan molesta ella, es llenar los huecos que antes se  explicaban mediante Dios. Por eso la religión tiende a reducirse cuando las ciencias crecen. Y viceversa, claro, pero la ciencia tiende a adelantar a la religión en una curva constante y lenta, y la religión tiende a adelantar a la ciencia en un movimiento de desplome repentino. Las pistas las encontramos al examinar el origen latino de ambas palabras. “Scientia” quiere decir conocimiento. Y “lig” en la palabra religión es igual a “lig” en ligamento, porque “religare” quiere decir “unir”, “atar”. Lo cual resulta interesante.

Y claro, no importa lo concienzudo que sea el esfuerzo de los científicos por llenar los huecos, porque los justicieros sociales vienen de todas formas, echan a patadas esos “rellenos” y afirman que jamás han existido. Y después agrandan todavía más los huecos.

Sigamos. A lo largo de la historia documentada han existido individuos que afirmaban ser expertos en cosas que son intrínsecamente incognoscibles. “¿Por qué existen esas personas, Mike?”, os oigo gritar. Bueno, no creo que sea una coincidencia que las personas que se nombran expertas en lo incognoscible tengan unas opiniones morales muy estrictas: sobre cómo deberían comportarse los demás, qué pueden decir, con quién se pueden acostar, quién cría a los niños y qué partes de tu cuerpo puedes mantener.

“¿Pero por qué iba a ser una autoridad moral alguien que sólo afirma ser experto en los incognoscible, Mike? ¡Eso no te convierte en una autoridad de nada, Mike! ¡Sólo te convierte en un embaucador!”, os oigo gritar. Y sí. Ya lo sé. Deja de gritarme, personaje imaginario. Eso es justo lo que quería decir.

Para que lo sepáis, ser un matón es un trabajo muy difícil. Si quieres que los demás hagan lo que tú dices, y que te den lo que quieres, a cambio de nada, te vas a encontrar con mucha resistencia. Nuestra especie no suele aguantar bien esas cosas. No puedes decir “Haz esto”, porque te responderán “¿Y por qué?” Ni siquiera puedes ponerte a empujar a la gente físicamente, porque te verán, la gente se juntará, te superará en número y te dirán “Eh, tú, el mandón. ¿Por qué le das órdenes a la gente? ¿Qué te hace tan poderoso y superior?”

Y en ese momento, el abusón se enfrenta al plato fuerte de su crisis existencial. Tienes a una multitud de gente delante. ¿Cómo justificas el hecho de obligarles a hacer lo que tú quieres a cambio de nada? No puedes decir “Es porque tengo conocimientos científicos”. Podrían responder “Nosotros también. La ciencia funciona igual para todos, por eso es ciencia”.

-Zas, me pillasteis. Vale… si no hacéis lo que digo… ¡hacéis daño al gran Juju!

-No creemos en el gran Juju.

-Eh…, hacéis daño a los espíritus del desierto.

-No creemos en los espíritus del desierto.

-Ehm…, hacéis daño a… ¿Dios?

-Tampoco creemos en Dios.

-Oh. En ese caso…

Hacéis daño a la mujer.

El Ratel
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El Ratel

El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.

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