La checklist del privilegio femenino

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Traducción de un artículo original de Girlwriteswhat:

En debates sobre temas sociales y legales, a menudo he escuchado decir a las feministas (y a los gays, a las lesbianas, a los transexuales, a las minorías étnicas y… casi a todos los grupos habidos y por haber) que los demás tienen que “revisar sus privilegios”, sobre todo cuando otras personas manifiestan puntos de vista alejados de las normas aceptadas.

Este consejo puede ser positivo, si se da de buena fe. Todos deberíamos examinar las desventajas que nos afectan; y habría que hacer lo mismo, y con mucha atención, con aquellos ámbitos en los que poseemos ventajas que otros no tienen, incluso si esas ventajas son el resultado de medidas tomadas por la ley y la sociedad para paliar una desventaja. La otra noche, en el trabajo, le dije lo siguiente a un compañero adolescente (ayudante de camarero) que se quejaba de que el coche que le había regalado su padre ya tenía varios años: “Deberías ponerte de rodillas y darle las gracias a tu padre, mocoso desagradecido. ¿Sabes lo que nos daban en mi época? Unos zapatos de 20 dólares y un abono de autobús”. Al principio se ofendió, pero después de pensarlo un rato, se dio cuenta de la suerte que tiene, y hasta me dio las gracias.

Sin embargo, prácticamente en todos los casos en los que veo la expresión “revisa tus privilegios” empleada por un miembro de un grupo que se considera en desventaja, la expresión se utiliza para establecer el estatus de “víctima” en relación con el interlocutor disidente, y para silenciar cualquier debate que no confirme las creencias de ese grupo. Además, suelen insistir en que, como la pertenencia a ese grupo les pone en desventaja, es imposible que esa misma pertenencia también les otorgue privilegios. Y esto es falso.

En gran medida, los privilegios son consecuencia de los estereotipos y los prejuicios; estos se pueden ver como una forma ineficaz de determinar las verdaderas características de un individuo, y por ello ser vistos como “algo malo”. No obstante, no siempre pintan de forma negativa a las personas estereotipadas, y cuando el efecto es positivo, mucha gente no tiene el menor problema en aprovecharse de ese privilegio. Por ejemplo: los asiáticos suelen ser considerados malos conductores = efectos negativos sobre el individuo. Y por el contrario: los asiáticos suelen ser considerados buenos con la tecnología y las matemáticas = efectos positivos sobre el individuo en determinados contextos, por ejemplo a la hora de pedir trabajo en esos campos.

Y aunque los privilegios son complejos (los hombres ricos, blancos, heterosexuales, bien educados y sin discapacidades estarían “en la cima” en la mayoría de los contextos; los hombres negros de clase media ocuparían una enorme zona gris; los gays blancos estarían un poco más abajo en la escala del privilegio, y las lesbianas transexuales, pobres, incultas, discapacitadas y con sobrepeso estarían en el fondo), se complican más aún cuando intentas considerar quién tiene más ventajas y desventajas que quién.

Hoy en día parece un concurso, y viendo cómo habla la gente, compiten por ser los últimos; el fondo es el lugar más codiciado. Los debates sobre raza, clase, orientación sexual, género, identidad de género, discapacidad, estatus económico, nivel educativo… terminan por convertirse en un ejercicio de autodegradación, y todo el mundo proclama que es la “víctima más victimizada” de todas.

Pero hay cosas que sí que son blancas y negras, o al menos lo parecen. Si consideramos los privilegios de género masculino/femenino, sólo hace falta tener en cuenta los elementos bilaterales: ¿cómo actúan unos en relación con los otros? Es decir, ¿qué privilegios tienen los hombres, debidos únicamente a su género, que no tendría una mujer semejante en clase económica, nivel educativo, raza, orientación sexual, etc.?

Y por el contrario (y al revés de lo que muchas feministas piensan): ¿qué privilegios tienen las mujeres y no los hombres, si el resto de factores son iguales? Una feminista me pidió que hiciese una lista, y lo he hecho. A ella le pareció “un experimento fallido”. Pero me preguntaba qué opinaríais vosotros de mi checklist del privilegio femenino. No dudéis en sugerir más elementos en los comentarios; actualizaré la lista cuanto haga falta.

Pido a las mujeres que consideren si responderían “sí” a las siguientes preguntas:

  1. Es probable que la gente dé por hecho que soy una persona cariñosa y empática.
  2. Es probable que la gente me ayude cuando tenga que llevar a cabo una tarea física difícil.
  3. Si se me estropea el coche o tengo otro tipo de apuro, es más probable que alguien pare y me ayude.
  4. Si estoy siendo agredida físicamente, es más probable que los transeúntes intervengan, sin importar el género de mi agresor.
  5. Es probable que la gente dé por hecho que soy una madre competente, a menos (y hasta) que demuestre lo contrario.
  6. Es más probable que la gente respete mi derecho a ofenderme por un comportamiento inapropiado o maleducado.
  7. Si grito, no es probable que la gente piense que voy a hacerles daño.
  8. Los códigos de vestimenta en el trabajo y en un contexto de ocio me permiten elegir prendas que resalten mis rasgos físicos más atractivos, y minimizar aquellos que no me gusten.
  9. La sociedad me permite llevar maquillaje para aumentar mi atractivo sin que nadie cuestión mi orientación sexual. Tengo mucha libertad social a la hora de escoger un peinado que favorezca mis rasgos faciales.
  10. Si trabajo en una profesión dominada por el género opuesto, es probable que la gente lo vea como algo “heroico”, o como un símbolo de progreso social, y no que piensen que tengo algún tipo de carencia.
  11. Si muestro debilidad, el primer impulso de la mayor parte de la gente será consolarme o ayudarme, no criticarme, ignorarme ni considerarme ridículo.
  12. No se espera que yo haga el “primer movimiento” al conocer a miembros del género opuesto en una cita.
  13. Se espera que los miembros del género opuesto hagan el primer movimiento; por ello, es menos probable que sea rechazada sexualmente por aquellos a quienes me acerque durante una cita.
  14. No se espera que gaste una parte significativa de mis ingresos anuales en un símbolo que acompañe a una propuesta de matrimonio.
  15. Es menos probable que se espere de mí un gasto significativo de dinero en regalos, símbolos y actividades durante citas y noviazgos.
  16. Si estoy cenando con un miembro del género opuesto durante una cita y no me ofrezco a pagar la cuenta, no es probable que la gente dé por hecho que soy una tacaña.
  17. Si estoy cenando con un miembro del género opuesto, sin ser una cita, y no me ofrezco a pagar la cuenta, sigue sin ser probable que la gente dé por hecho que soy una tacaña.
  18. Si gano menos que mi pareja, nadie me mira raro.
  19. Si no gano nada, y mi pareja me mantiene, nadie me mira raro.
  20. Si estoy desempleada y mi pareja me mantiene, es improbable que otras personas me presionen porque “no me esfuerzo lo suficiente” por encontrar trabajo.
  21. Si gano menos que mi pareja, no es probable que la gente espere que contribuya equitativamente a nuestros gastos.
  22. Si se me dan bien actividades/hobbies que normalmente se atribuyen al género opuesto (kick-boxing, manejo de herramientas, reparación de tejados, hacer punto, coleccionar recortes, arreglos florales), la gente lo verá como algo admirable. No es probable que alguien piense que soy un bicho raro o que se pregunte si soy gay.
  23. Si estoy llevando a cabo una tarea con un miembro del género opuesto, se espera que él se ocupe de la mayor carga física, como llevar cajas más pesadas.
  24. Si lloro o me hago daño, no es probable que ni hombres ni mujeres me digan que “me aguante”.
  25. Si decido quedarme en casa con mis hijos mientras mi pareja trabaja, no es probable que la gente piense que soy una vaga, una inútil, o que eludo mis responsabilidades.
  26. Si decido tomarme un permiso temporal, un trabajo intermitente, o reducir mi participación en una carrera profesional de alto estatus para poder pasar tiempo en casa cuidando de mis hijos, es probable que la gente lo considere un “sacrificio noble” en vez de un derroche de talento.
  27. Si trabajo y tengo una familia, es menos probable que mi jefe me pida que trabaje horas extraordinarias o que me lleve trabajo a casa. Esto será así aunque comparta los quehaceres domésticos con mi pareja de forma equitativa, o tenga ayuda doméstica externa (señora de la limpieza, niñera).
  28. Si un empresario dice que tiene una política de contratación “no sexista”, puedo dar por hecho que los miembros de mi género tienen más probabilidades de ser contratados, y no menos.
  29. Si elijo una carrera profesional en educación infantil o primaria, o trabajo con niños como voluntaria, nadie se preguntará si lo hago porque soy pedófila. Confiarán en mí, incluso si saben que algunos miembros de mi mismo género pueden utilizar (y a veces lo hacen) estos puestos para abusar sexualmente de los niños.
  30. Si cometo un delito contra un niño, incluso antes de que se sepan los detalles, es probable que la gente piense que se trata de una acusación falsa, un “fallo del sistema”, o que “me llevase a ello” algún factor que no estuviese bajo mi control (como una enfermedad mental, la pobreza, la falta de servicios sociales o el maltrato infantil), porque los miembros de mi género “no hacen esa clase de cosas”. Es improbable que atribuyan mis actos a una agresión no provocada, o que me consideren enteramente responsable de dichos actos.
  31. Si soy víctima de violencia doméstica, existen muchos servicios en mi comunidad para ayudar a personas de mi género. No es probable que se me nieguen servicios en base a mi género.
  32. Si mi pareja me maltrata físicamente, las autoridades me creerán, independientemente de la existencia de señales físicas de lesiones.
  33. Si yo maltrato físicamente a mi pareja, es probable que la gente (incluyendo a las autoridades y al personal de servicio a las víctimas) dé por hecho que fue en defensa propia. Incluso si les digo que empecé yo y que mi pareja no es violenta, es probable que se pregunten qué hizo mi pareja para instigar la agresión (engañarme, gritarme o provocarme para que perdiese el control).
  34. Si maltrato físicamente a mi pareja, y él responde, es tanto o más probable que sea mi pareja la detenida, incluso si la respuesta de mi pareja fue en defensa propia.
  35. Si mi pareja me maltrata físicamente, y yo respondo, no es probable que me detengan, incluso si admito que mi respuesta no fue en defensa propia, sino por ira.
  36. Si estoy divorciada, y mi expareja gana más que yo, es más probable que me den una pensión conyugal, incluso si tengo trabajo y soy económicamente independiente, que si los papeles se intercambiaran.
  37. Si estoy divorciada, se dará por hecho por defecto en el sistema judicial familiar que yo tendré la custodia principal de mis hijos. Esto será así incluso si mi expareja y yo contribuíamos de forma equitativa al cuidado de los hijos y al presupuesto familiar durante el matrimonio.
  38. Si mi expareja me demanda para conseguir la custodia, es improbable que tenga tanto éxito como el que tendría si los papeles se intercambiaran. Tendrá que ser él quien demuestre que yo no soy una madre adecuada, en vez de demostrar que él es un padre adecuado, para que las probabilidades le sean favorables.
  39. Si estoy divorciada, prácticamente en todos los casos conseguiré una pensión alimenticia. Si mi expareja no cumple los términos de la orden de custodia/pensión, se enfrentará a consecuencias legales tan graves como una pena de prisión. Se enfrentará a dichas consecuencias incluso si el motivo de no pagar es que su situación económica ha cambiado desde el matrimonio, e incluso si yo no cumplo con mis obligaciones legales de permitirle el acceso a mis hijos; es probable que mi derecho a mantenerme lejos de mi expareja prevalezca sobre el derecho de mis hijos a relacionarse con su padre.
  40. Si estoy divorciada y a mi expareja se le da la custodia principal de los hijos, muy rara vez tendré que pagar una pensión alimenticia, incluso aunque me lo pudiera permitir. Si tengo que pagarla y no lo hago, por la razón que sea, es improbable que me enfrente a ninguna consecuencia legal.
  41. Si hago mal uso del procedimiento legal durante mi divorcio, obteniendo una orden de alejamiento fraudulenta, tergiversando mi estado financiero, ocultando bienes, o cometiendo algún tipo de perjurio, es muy improbable que se me acuse de un delito. De hecho, es probable que el mal uso del procedimiento legal (incluso después de haber sido descubierto) me beneficie en temas como la custodia. Además, un motivo para no penalizarme económicamente (reduciendo por ejemplo mi porcentaje de bienes conjuntos) será “por el bien de los niños”.
  42. Si mi expareja hace mal uso del procedimiento legal de la misma forma, es más probable que sean penalizados con una acusación de delito, o económicamente, reduciendo su porcentaje de bienes conjuntos.
  43. Si tengo relaciones sexuales consentidas con mi pareja y ambos somos menores de edad, y se lleva a cabo una acusación de estupro [corrupción de menores], yo nunca seré la acusada, incluso si yo presioné a mi pareja para tener relaciones y él se opuso.
  44. Si me viola un miembro del género opuesto, y ya no soy menor de edad, nadie me dirá que ese delito no existe.
  45. Si me viola un miembro del género opuesto, es improbable que los miembros del equipo de investigación médica y criminal consideren que las respuestas involuntarias y automáticas de mi cuerpo al estímulo sexual son “prueba” de que di mi consentimiento.
  46. Si soy víctima de corrupción de menores por parte de un miembro del género opuesto, y acaba habiendo un embarazo, podré decidir cuáles son mis responsabilidades parentales con ese bebé. No me obligarán por ley a hacerme cargo económicamente de un niño proveniente de la violación de un adulto.
  47. Independientemente de la cultura o la religión de mis padres, o de cualquier efecto secundario beneficioso menor, la ley me protege de que mis genitales sean operados quirúrgicamente hasta que alcance la edad adulta y lo solicite yo mismo. Si me han sometido a tal operación, la opinión generalizada será que he sido víctima de un delito espantoso.
  48. Puedo manifestar libremente mi preferencia sexual por miembros del género opuesto a los que se les extirpó una parte significativa de sus genitales al nacer, sin ser considerado inmediatamente una loca por la mayor parte de la sociedad. Puedo pedirle a un compañero sexual que no haya sido operado, que se opere, y es probable que ese compañero no rompa la relación inmediatamente.
  49. Puedo alegar mi preferencia sexual por miembros del género opuesto a los que se les extirpó una parte significativa de sus genitales al nacer, como único motivo para solicitar que a mi hijo se le haga lo mismo, y el pediatra estará de acuerdo, sin discutírmelo ni denunciarme a las autoridades. Mi seguro médico lo costeará, incluso.
  50. Sería un suicidio profesional que un médico o un político recomendase la extirpación de una parte significativa de mis genitales para reducir las probabilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual o de tener otros problemas médicos en los genitales.
  51. No hay debate a la hora de decidir si extirparle los genitales a mi género es algo malo.

Cuando presenté algunos elementos de la segunda mitad de la lista en un debate por Internet, una feminista se burló: “¿El privilegio femenino aparece sólo cuando nos violan, nos maltratan o nos divorciamos? Menuda suerte”.

Lo que las feministas (y muchos otros grupos que reclaman su desventaja en un ámbito cualquiera) parecen no considerar, es que el privilegio es un concepto inherentemente proporcional y oposicional. Por ejemplo, para que los hombres tengan privilegios masculinos en un contexto específico, hace falta que la desventaja de la mujer en ese contexto esté en oposición a esos privilegios. Si todo el mundo fuese igual, ante la ley y a ojos de la sociedad, incluso en unas circunstancias terribles, nadie estaría más ni menos privilegiado que nadie, ¿no? El privilegio de un grupo requiere la desventaja de otro. Y cuando se tienen privilegios de género, es el otro género el que está en desventaja, por fuerza.

Las feministas de hoy siguen viendo la brecha salarial como un problema grave que debe ser abordado. Las feministas creen que la brecha salarial es producto del sexismo en el mercado laboral, y de unas expectativas sociales injustas que se le imponen a la mujer. Un punto de vista más libertario considera que la brecha salarial se debe, sobre todo, a las decisiones de la mujer en cuanto a su vida profesional y la vida doméstica, y que las decisiones obligan a dar prioridad a una cosa sobre otra, aunque deseemos y valoremos ambas de la misma forma. Pero, se piense lo que se piense, la brecha salarial se ha reducido y sigue reduciéndose, porque las feministas consideraron, hace décadas, que era un problema, y otras personas creyeron en lo que decían ellas e hicieron algo al respecto.

Las feministas pueden burlarse de que no es gran cosa tener privilegios de género a la hora de ser victimizada, violada, maltratada o al pasar por difícil y devastador proceso de negociación de la custodia de los hijos. Me parece muy alarmante que no sean capaces de ver la situación desde el otro lado. Ese privilegio femenino, por el mero hecho de ser un privilegio, se opone de forma directa y proporcional a la carencia de poder del hombre [desapoderamiento] en esas mismas áreas. Cuanto mayor es el privilegio femenino, mayor es el desapoderamiento masculino. Y en estos ámbitos (agresión sexual, violencia doméstica, divorcio y custodia de los hijos) el privilegio femenino es ENORME. Y en algunos ámbitos va a seguir creciendo, a medida que el procedimiento legal debido va desapareciendo en los casos de violación, por orden de las feministas.

De modo que en estos ámbitos, donde las vidas se destrozan, donde la gente sufre un enorme daño físico y emocional, donde las relaciones de pareja se disuelven y sus vidas dan un vuelco, y las relaciones con los hijos se ven amenazadas, donde se les acusa de delitos o son víctimas de ellos, donde ya de por sí están pasando por una experiencia horrible… esos son los ámbitos en los que los hombres sufren el mayor desapoderamiento en nuestra sociedad.

Muy, muy, muy arriba en este post, mencioné el privilegio en el caso de un asiático que solicitase un empleo relacionado con la tecnología. Es una ingenuidad creer que, si fuese elegido en lugar de otro candidato blanco o negro, más capacitado para el trabajo, e incluso si supiera que lo ha conseguido debido a un estereotipo y a los privilegios que de él se derivan, llevaría al jefe aparte y le diría “Oiga, creo que el otro tipo es mejor que yo. Sólo por ser asiático no se me van a dar genial los ordenadores. Debería usted contratarlo a él”. Cuanto mayor sea el efecto positivo de un privilegio sobre una persona, menos querrán desprenderse de él.

Y en situaciones horribles, como el divorcio, la violencia doméstica o la violación, ¿qué probabilidades hay de que una persona diga “Perdonen, pero me parece que están ustedes juzgando la situación en base a los privilegios de género. Me gustaría que fuesen más justos con el hombre al que acuso de violación, y que respeten el procedimiento legal”? ¿Cuál es la probabilidad de que diga “Señor juez, entiendo que todo el mundo da por hecho que la madre debería tener la custodia de los hijos, y como feminista opino que los estereotipos basados en normas de género culturales son algo dañino. De modo que me gustaría que lo olvidara, incluso si con ello pierdo la custodia de mis hijos”? ¿Qué probabilidades hay de que diga “Escuche, agente, la verdad es que yo di el primer golpe. Deténgame a mi también, si no le importa”?

Las personas aprovechan sus propios privilegios. Es así. Y lo hacen todavía más cuando hay muchísimas cosas en juego. Recomendaría a las feministas (joder, en realidad a cualquier mujer) que consideren lo que pasaría si se invirtieran los privilegios de géneros en estas situaciones, si sufrieran la misma clase de desapoderamiento que sufren los hombres actualmente en casos de violación, violencia doméstica y derecho familiar.

Si las autoridades dieran por hecho que la mujer miente cuando denuncia por violación, y si las autoridades estuvieran predispuestas a creer al denunciante si las propias mujeres fueran acusadas; si se diera por hecho que las mujeres son siempre las agresoras en casos de violencia doméstica, y así fueran tratadas por la ley, y si las mujeres fueran rechazadas de los refugios, porque dichos refugios sólo atienden a víctimas de violencia doméstica del género contrario; si el sistema judicial familiar arrancara a los niños de los brazos de sus madres porque la suposición por defecto es que la custodia debería ser para el padre, y que tus derechos como progenitor (incluso de fin de semana) no le importasen a nadie…

Si las mujeres sufrieran semejante nivel obsceno y desmedido de desapoderamiento en estas situaciones tan terribles, y que pueden destruir la vida de uno, y se comparara esto con la brecha salarial actual, ¿cuál de estos dos problemas las feministas considerarían más grave?

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El Ratel

El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.

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