Mi problema con el feminismo moderno

M

O “Manifiesto sobre la agencia femenina y la igualdad de género”

Traducción de un artículo original de Girlwriteswhat.

¿Por qué escribo este manifiesto? Es muy fácil. Creo que el feminismo moderno (con la ayuda de su silenciosa compañera, la caballerosidad) ha hecho un tremendo daño a las mujeres, daño que es reflejo del que ha hecho a los hombres, y está fomentando la debilidad y dependencia continuas en la mujer, mientras coloca una carga espantosa e injusta sobre los hombres.

Según el feminismo moderno, todas las mujeres son las víctimas, por defecto, de la dominación masculina, incluso mediante terceros. Las organizaciones feministas nos dicen sin parar que tenemos miedo, que estamos oprimidas, que nos mantienen sujetas, que nos persiguen, nos victimizan, y que no hay nada que una mujer pueda hacer por sí sola para salir de esa abrumadora y nebulosa carga de miedo y misoginia que es, todavía, una “epidemia” en nuestra sociedad occidental. Sólo podemos alcanzar la liberación mediante cosas que nos sean dadas: subsidios, incentivos, ventajas, tratos de favor, la aplicación desigual de la ley, y obstaculizando a los hombres con desventajas, igual que hacemos con los jugadores expertos durante una partida para novatos. El feminismo moderno da a todos los hombres el papel de depredadores, pero al hacerlo, el feminismo da a todas las mujeres el papel de presa. Y yo no soy una presa.

Siempre he pensado que no es El Patriarcado, ni los hombres en general, quien ha oprimido a las mujeres. Lo que las ha oprimido siempre ha sido su dependencia de dichos sistemas. En otro tiempo, esa dependencia se imponía por ley, mediante presión social y falta de oportunidades, pero eso ha dejado de ser así desde hace décadas.

Pero la mentalidad del feminismo continúa dominada por la idea implícita de que los hombres actúan, mientras que sobre las mujeres se actúa. Los hombres deben crear/aprovechar oportunidades, mientras que a las mujeres se les deben dar esas oportunidades. Los hombres deben labrar su propio camino, mientras que las mujeres deben ser guiadas y asistidas mediante programas sociales y legislación diseñada para ayudarlas a tener éxito, ya que, Dios sabrá por qué, nunca serían capaces de convertirse en científicas o ingenieras por sí mismas.

Y al mismo tiempo, el hombre nunca puede ser víctima de la mujer. Incluso cuando una mujer comete un delito horrendo contra un hombre, el hombre sigue siendo representado casi siempre como el villano. “¿Ella lo apuñaló? Seguro que la maltrataba/engañaba/obligó.” “Fue maltratada de pequeña” “Estaba desamparada”.

Y los hombres nunca pueden buscar ayuda: “¿Tu mujer te ha pegado? No seas nenaza.” “Lábrate tu propio camino, chaval, porque nadie lo va a hacer por ti” “¿No encuentras trabajo? Puto inútil.”

Hoy en día la vida es bastante agradable para las mujeres: se nos da toda clase de oportunidades laborales y de potencial adquisitivo, el “campo de juego” está a nuestro favor en cualquier trabajo que de verdad queramos, Papá gobierno nos ayuda con nuestros problemas económicos, y las penas para las delincuentes femeninas se suelen reducir a quedarse en una esquina mirando a la pared, mientras la culpa de nuestro comportamiento se adosa a El Patriarcado. Todavía se espera que los hombres nos inviten a cenar, incluso si ganan menos que nosotras, y si alguno se atreve a levantarnos la mano, tenemos el monopolio de los refugios y programas de violencia doméstica, y una aplicación de la ley que prácticamente siempre está desequilibrada a nuestro favor. Tenemos voz y voto único en la reproducción, desde el derecho a abortar hasta la libertad de decidir exactamente en qué cantidad y de qué forma podrá (o será obligado) el padre de nuestros hijos a contribuir a su bienestar. Incluso hemos visto cómo el debido procedimiento judicial prácticamente desaparece cuando se trata de denuncias de violación y agresión sexual.

Las mujeres han sido elevadas a la categoría de princesas, y los hombres han sido condenados a ser sirvientes y chivos expiatorios. Entonces, ¿por qué no somos felices? ¿Por qué no estamos satisfechas con lo que tenemos? ¿Por qué el movimiento feminista no ha decretado “misión cumplida”?

Porque hoy en día la mujer, bajo una estructura social feminista, todavía no ha alcanzado el esquivo premio que anhelan, y que jamás podrán ganar con los métodos que utilizan actualmente. Ese premio es la agencia.

Bajo el feminismo extremista moderno, no puede haber autonomía ni agencia femenina, porque aunque tengamos libertad y oportunidad, no existe la correspondiente expectativa de autosuficiencia y responsabilidad para la mujer. Y no puede haber autonomía ni agencia masculina, porque para los hombres sólo hay autosuficiencia y responsabilidad, mientras que la libertad y la oportunidad se están transformando en cosas del pasado.

Si la caballerosidad infantilizaba a la mujer, el feminismo hace exactamente lo mismo. Sólo que en vez de ir corriendo a contarle a papá/Sir Galahad lo malos que son con nosotras esos brutos horribles, se espera que corramos a contárselo a Papá gobierno.

Pero tengo noticias para el feminismo moderno. A algunas de nosotras no nos interesa tanto sentirnos víctimas. Ser victimizado es algo que le pasa a las personas, y a menudo está completamente fuera de nuestro control. Pero SÍ que tenemos la opción de vernos a nosotras mismas como víctimas, y escoger vivir nuestras vidas como víctimas, o no hacerlo. El feminismo moderno quiere que me sienta como una víctima por defecto. Y yo NO soy una víctima. Las víctimas son pasivas. Sobre las víctimas se actúa. Las víctimas carecen de agencia. Yo jamás elegiré verme a mí misma de esa forma, y me entristece que tantas mujeres hayan sido convencidas para verse de esa forma.

El feminismo no es el empoderamiento de la mujer. Una vez lo fue, pero ya no lo es. El empoderamiento es la capacidad de valerte por ti mismo, de cuidar de ti mismo, de ser activo en vez de pasivo.

Y no puede haber auto-empoderamiento sin responsabilidad personal. A veces eso implica aceptar parte o toda la culpa de algo malo que haya ocurrido. Pero rara vez a las mujeres se las hace responsables de sus acciones, decisiones y cargas, tal y como debería ocurrir con un ser humano. Si una mujer no tiene éxito, es porque el mundo laboral es sexista. Si una mujer se despierta después de haberse emborrachado hasta el desmayo en una fiesta llena de jóvenes cachondos y descubre que la han violado, cualquier insinuación de que tal vez emborracharse hasta el desmayo en una fiesta llena de jóvenes cachondos no sea la decisión más inteligente que se haya hecho nunca, quiere decir que culpas a la víctima, y que eres un ser humano espantoso. Si una mujer deja su trabajo durante cinco años para dedicarse a la maternidad, y al regresar no tiene el mismo éxito que tenía antes, la explicación nunca es que, a veces, la vida se reduce a elegir entre una cosa que quieres y otra que quieres todavía más; no, es porque el gobierno/sociedad no hace lo bastante para ayudarla.

Cuando te dedicas sin parar a señalar factores externos y echarles toda la culpa: El Patriarcado, la discriminación, el sexismo, los agresores sexuales… al final terminas con un grupo de personas que pueden sentirse empoderadas, pero que no lo están, y de manera subconsciente saben que han perdido aún más derechos como seres humanos. Si nunca se te hace responsable de tus decisiones, básicamente se te está diciendo que eres tan inútil como un niño.

El empoderamiento es ser responsable de tus mierdas; esa es la base de la agencia. La agencia es algo más que derechos, oportunidades y libertades; tiene que ver con la responsabilidad personal, con acarrear tus propias cargas. La agencia no es sólo tener la capacidad de triunfar; también es tener la capacidad de fracasar. Ser el árbitro principal de tu destino.

Esta es MI vida. Yo soy su arquitecta. Si la jodo, no se trata de algo que sólo “me pasó” a mí; he sido un participante activo en la cadena de decisiones que llevó a que se jodiera. No vivo en un vacío, pero tengo la capacidad de responder a influencias externas, y según utilice esa capacidad, triunfaré o fracasaré. La ayuda es bienvenida, pero no esperada, y nunca, nunca, requerida, incluso si ello implica que las probabilidades de fracaso sean mayores, o que podré no ser tan exitosa como otra persona.

Mi abuela nació en 1909, en una familia de 8 hijos, y creció en un ambiente de pobreza rural miserable. Cuando se casó, era la directora de la sección de señoras de un gran almacén de ropa. Mi abuelo trabajaba en la construcción en verano, y de cartero rural en invierno. Tuvieron tres hijos en la primera década de su matrimonio. En ese tiempo, mi abuela consiguió el puesto de directora del almacén de su pueblo, y finalmente le ofrecieron el puesto de directora de la oficina de correos. En una época en la que las “barreras laborales” estaban a unos centímetros de la cocina, mi abuela, con una educación que apenas pasaba de la primaria, se convirtió en una profesional respetada. Mi abuela tenía agencia.

Las mujeres de hoy, en conjunto, no tienen agencia. Lo que tenemos hoy no es un patriarcado, pero sigue siendo un sistema en el que se nos dice que necesitamos que nos cuiden, y en el que nos tragamos esa mentira, encantadas de la vida. Y mientras el feminismo moderno siga siendo eso, el movimiento nunca se pondrá límites a sí mismo, porque por mucho que nos guste pensar lo contrario, los derechos y oportunidades son finitos, pero no existe límite en los privilegios que uno puede pedir. Y no os equivoquéis, el feminismo moderno no busca los derechos de la mujer; busca el privilegio de la mujer. Puede que no a todos les parezcan privilegios, pero eso es exactamente lo que es.

Eso no es agencia, es un insulto a las mujeres como yo, y a las mujeres como mi abuela: una profesional que nació en 1909 y que se creó sus propias oportunidades, igual que lo habría tenido que hacer cualquier hombre nacido en un ambiente de pobreza rural, y que siempre, siempre, fue responsable de sus mierdas.

No hay mayor empoderamiento que haberte ganado tu propio éxito, ponerte de pie sin ayuda, acarrear tus propias cargas, e incluso aceptar tus propios fracasos.

Estas son mis mierdas. Y soy responsable de ellas.

El Ratel
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About the author

El Ratel

El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.

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