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Los maricas están oficialmente fuera (del bando progresista)

El Ratel
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El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.
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Traducción de un artículo original de Tomás Allende. Espero haberle hecho justicia. Podéis encontrar el original aquí:

Faggots are officially out (of the progressive stack)

“Todo es racista, todo es sexista, todo es…” Espera un momento, Anita, ¿acaso no has oído hablar de la homonormatividad? Eso es. Para la maquinaria de los justicieros sociales, pertenecer a un grupo que representa un3-5% de la población ya es demasiado normal. Se han dado cuenta de que los gays pueden adoptar una forma terrorífica: el hombre blanco. Sí señor. Desde Guy Benson hasta Milo Yiannopoulos, pasando por Peter Thiel (estoy aquí, Senpai), los PUTOS HOMBRES BLANCOS (gays) han provocado una tremenda perturbación en la agenda política de la alta sociedad de los que tienen el culo permanentemente irritado (los gays no, a nosotros no se nos irrita). Y ya se han cansado. A partir de ahora, los gays ya no están lo bastante oprimidos como para que el establishment liberal los considere un grupo especial.

Personalmente, estoy impaciente por que los maricas dejemos de recibir un trato especial, que tengamos que enfrentarnos a la sociedad como personas normales. No soy el único. La cultura gay nunca ha encajado bien con el progresismo. Nos gusta el sexo duro, las drogas… el consentimiento es un chiste para nosotros. Nos gustan las drag queens con una polla de 20 cm que se llaman trannies mientras  los maricas las llamamos queens. Nos gusta el hecho de que solo existan dos géneros, ya que a nosotros solo nos interesa follar con uno de ellos. Y si alguna arpía me hace cabrear, le enseñaré lo que vale el patriarcado. Entonces, ¿qué cojones hacemos con los retrasados de los liberales? Antes teníamos una cierta influencia política, y los demócratas nos reclamaron para sí, como hacen con todo el mundo que está en situación de desventaja. Después de todo, son el partido de la esclavitud, tanto la auténtica como su versión moderna, las prestaciones sociales.

Lo que llevó a este debate fue la masacre de 49 personas en el club gay Pulse de Orlando. Después de miles de páginas de legislación para desalentar los “crímenes de odio”, yo y otros cuantos cabrones cínicos nos callamos. Existe un enemigo que odia a los homosexuales más que a ninguna otra cosa: el islamismo radical (también conocido como la mitad de la población musulmana del mundo). Así que mantuve la puta boca cerrada, lloré por las víctimas y sus familias y esperé a ver la respuesta. Después de todo, aquello tenía que ser la gota que colmaba el vaso: un islamista radical había asesinado a 49 personas por estar en un bar gay. Era el mayor crimen de odio contra personas consideradas gays (enseguida explico por qué utilizo esa expresión), y el tiroteo en masa más letal de la historia de EE.UU.

Todas esas leyes, toda esa indignación liberal, brilló por su ausencia.

En primer lugar, Obama se refirió al tiroteo sin mencionar siquiera las palabras “Islam”, “musulmán” ni “homofóbico”. Después, Hillary afirmó lo pacífica que era la ideología que había provocado la muerte de todas esas personas. Y luego el mass-media se tragó y regurgitó los argumentos más jodidamente delirantes para explicar que ese ataque terrorista islámico en realidad no era islámico. Amanda Marcotte le echó la culpa a la masculinidad tóxica, pese a que la mayoría de víctimas eran hombres. Otros le echaron la culpa a la islamofobia, ignorando al imán que tres semanas antes de la masacre había exigido la muerte de los gays… en Orlando. Esa búsqueda de culpables dio un giro de 180 grados y se convirtió en la tradicional crítica a los cristianos, porque cuando un musulmán asesina a 49 personas en nombre de Alá, la culpa es de los cristianos.

Pero lo peor de todo, al menos para mí, fue el intento de hacer que el tirador fuera gay. Muchas páginas de medios de comunicación importantes hicieron hincapié en que había visitado el club en otras ocasiones, y en que utilizaba Grindr y otras aplicaciones gays. Por lo visto, los medios de comunicación desconocen el concepto del acechamiento. O, si lo conocen, prefirieron convertirlo en gay. Querían que fuera un marica reprimido en el armario con un padre conservador (talibán), cuya lucha interna le llevó a cometer ese ataque.

Dejadme que haga una corrección: yo he estado dentro del armario. Casi todos los gays han estado en el armario. ¿Por qué ni yo ni ninguno de los millones de gays en el armario han cometido asesinatos en masa? Ah, y también el FBI emitió una declaración diciendo que no había ninguna prueba de que Mateen fuera gay. Así que, si diseccionamos el mensaje de los medios, todos los factores que cubren señalan a grandes grupos de personas y forman un argumento discutible, omitiendo por supuesto la religión de Mateen, una religión que exige la muerte de los homosexuales, algo que se practica abiertamente en el derecho penal de diez países musulmanes.

De todo esto solo puedo sacar una conclusión. El establishment liberal, los políticos, los medios y todos los demás tuvieron que tomar una decisión. Podían defender a la gente a la que habían jurado proteger en tantísimas ocasiones, firmando una ley antidiscriminación tras otra, o podían dejar a los maricas en la cuneta y guardar las apariencias defendiendo al culto a la muerte al que pertenecía el asesino. Eligieron la segunda opción, y ni siquiera tuvieron que considerarlo: lo hicieron por inercia. No hay más que consultar las primeras declaraciones de cualquier liberal importante. El control armamentístico. Esos hijos de puta intentaron aprovechar el montón de cadáveres que dejó el asesino para impulsar sus propios fines políticos.

Tengo que admitir que, como comunidad, nos han mimado. No durante mucho tiempo, por suerte. Todavía no funcionamos como una mente enjambre, pero sí que tenemos una industria del agravio; denunciar a un pastelero cristiano por negarse a hacer una tarta de bodas para lesbianas, presionar la aprobación de una ley tras cualquier acción cometida contra gays INDIVIDUALES y, lo peor de todo, dejar que nuestras voces más importantes dijeran que nos seguían maltratando.

Representamos el 3-5% de la población. Esas leyes que apoyan los derechos de los gays, cabrones… las redactaron heterosexuales en su mayoría, pero como a todo niño consentido, por muchas cosas que nos daban no conseguían aplacarnos. Parar habría sido una solución: decirle a la siguiente pareja gay que denuncie a una pastelería que acababan de perder su derecho al matrimonio, ser unos capullos con nosotros… Pero no, todo el mundo era simpatiquísimo. Hasta que ese cabrón fue un paso más allá y cometió el peor crimen en la historia de nuestra comunidad. Ahí llegamos a un callejón sin salida. Ahora vamos a dejarnos de chorradas. Tenemos problemas más serios que ladrarle al gobierno, y ya os digo que vais a empezar pedir favores mucho más urgentes a los heterosexuales si el Islam consigue tener una presencia considerable en vuestro país. Os van a entrar ganas de aprender a usar, adquirir y llevar encima un arma. Y es más que probable que a eso os ayuden los heterosexuales.

Dejadme que sea extremadamente claro: no siento ninguna animosidad contra “la mayoría heterosexual”. Soy uno de esos gays que mantuvieron a sus amigos heterosexuales porque no le encontraba sentido a profundizar en la subcultura gay. Me dirijo al gran número de maricas que parecen estar resentidos contra los hombres heterosexuales. Me refiero a la gente que ignora por completo que en el Pulse también murieron hombres y mujeres heterosexuales. Siempre he odiado el término “aliado”, y cuando los aliados mueren junto con los gays y nuestra comunidad no es capaz de decir sus putos nombres un poco más alto para que puedan ser recordados, eso me demuestra que el concepto de la “alianza” es un cuento chino. ¿Por qué no buscáis amigos, idiotas? Evito decir “49 gays”, porque aunque resulta más sencillo, no es cierto. Y murieron porque eran tan tolerantes que podían pasar un sábado por la noche en un club nocturno gay. Así que la retórica de “los heterosexuales son malvados” ya puede irse terminando, y para cualquier marica que quiera seguir llevándose puntos de victimismo después de esto, allahu akbar.

No se tiene lealtad hacia un esclavo. Y el esclavo no la espera. El establishment liberal ha conseguido jugárnosla, hacernos pensar que podríamos seguir siendo una comunidad especial y distinta, al mismo tiempo que nos convertíamos en parte del mainstream. No se puede estar en misa y repicando, por muchas denuncias que les pongas a los pasteleros cristianos. Obama y Clinton no vieron personas en esa noche espantosa. Se dieron cuenta de que iban a perder a un caballo o a una reina y, por supuesto, eligieron al caballo.

Meteos esto en la cabeza: teníamos tan poco valor que eligieron al asesino antes que a las 49 víctimas.

Si os soy sincero, antes de lo del Pulse todavía me quedaba fe. Seguía creyendo en los idiotas útiles que estaban en puestos de poder. Fue una estupidez de mi parte, de parte de todos, pero hay que seguir adelante. Hemos sobrevivido porque antes éramos resistentes. No nos mataban tan fácilmente. El puto sida no acabó con nosotros, así que a la mierda el Islam, a la mierda Allah, a la mierda el pederasta de Mahoma, y a ver si tenéis conciencia de vosotros mismos y os dais cuenta de quién ha estado y sigue estando allí.

Ya he hecho varios llamamientos para dejar de demonizar a los hombres heterosexuales, y pienso seguir haciéndolo. Aunque mi presencia sea minúscula y mi voz apenas tenga eco, no pienso dejarlo, porque es lo correcto. No estoy diciendo que todos los maricas se hagan activistas por los derechos del varón, pero ¿quién se adueñó de la vigilia por las víctimas del Pulse? No fue un PUTO HOMBRE BLANCO, fue una zorra sudaca de Black Lives Matter (yo también soy sudaca, así que si pensabais recriminarme mi lenguaje, que os den por culo). ¿Quién interrumpió el desfile de Toronto? Black Lives Matter de nuevo. Lo peor que le han hecho los hombres blancos heterosexuales a los gays en los últimos diez años ha sido negarse a cocinar una puta tarta. ¿Hasta qué punto nos hemos convertido en unos niños consentidos, si podemos inventarnos una narrativa completa para exculpar a una ideología que nos quiere muertos, mientras nos imponemos sobre la gente a la que tendremos que pedir ayuda cuando estemos de mierda hasta las cejas?

Ser gay es una parte intrínseca de mi identidad. No puedo negarlo, y probablemente sea un poco más fuerte que la identidad de los heterosexuales, ya que mi sexualidad no es la estándar, y durante un tiempo me supuso una lucha interior. Pero eso ya ha pasado. En este momento veo un apoyo incondicional y casi absoluto por parte de gente que no sé si merezco, y en el futuro veo la mayor amenaza existencial a la que nos hemos enfrentado hasta el momento. Y no va a ser un “problema de los gays”. Puede que seamos el canario de la mina de carbón, pero el monóxido de carbono mata muy rápido. Todos estamos en peligro en igual medida. Así que id al desfile del orgullo después de pasar por la galería de tiro, ondead la bandera arcoiris con el logo Don’t tread on me (“No me pises”, lema revolucionario de Estados Unidos durante la guerra de la independencia). Defiendo a tus amigos (amigos, no aliados) cuando sean demonizados por la gente que nos impone el culto a la muerte. A la mierda el feminismo, Black Lives Matter y el progresismo. Si no lo hacéis por dignidad, hacedlo por vuestra supervivencia. No seás uno de los 49 cadáveres tirados en el suelo de un club nocturno de Orlando. Yo no pienso rendirme tan fácilmente, y espero que vosotros tampoco.

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