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La princesa y el caballo de tiro

Traducción de un vídeo de Alison Tieman.

Había una vez una reina que gobernaba un reino pequeño y próspero. El día en que su hija alcanzó la mayoría de edad, la reina le mostró la fuente de la prosperidad de su reino. En los establos, lejos de la vista de los curiosos, había un viejo y frágil caballo que llevaba puesta una brida de cuero gastado, con un bocado de hierro oxidado. La piel del caballo estaba deslucida y llena de cicatrices; la crin se le estaba cayendo, y las piernas le temblaban por el simple esfuerzo de mantenerse de pie.

“Está listo para ir al matadero, hija mía”, dijo la reina con indiferencia, “y allí habrá de ir a su debido tiempo”.

“¡Es el caballo que construyó el reino!”, dijo la princesa, “Habría que jubilarlo y organizar un funeral adecuado!”

“No, hija mía, debes respetar su papel. Y su papel es sacrificarse por nosotras. Por lo tanto, incluso después de su muerte respetaremos su papel, dándole a su cuerpo una última utilidad. Si no llega al matadero, lo enviaremos a la fábrica de pegamento. Además, el caballo no es mágico. Es su brida la que es mágica, hija mía. Cuando se la pones a un caballo de tiro, el caballo estará tan orgulloso de llevarla, y tan orgulloso de que se la hayas puesto a él, que trabajará hasta morir para satisfacer tus necesidades. Es su orgullo el que hace que la magia funcione.”

Dicho esto, la reina retiró la brida de la cabeza del viejo caballo. El caballo resopló entre estertores y, temblando, cayó de rodillas. Enseguida, incluso estar arrodillado supuso demasiado esfuerzo para él. Se tumbó sobre el costado. Tras unos instantes, su último aliento quebró su cuerpo agotado, como si fuese un muñeco de papel.

“¡Pobre caballo!”, dijo la princesa, secándose los ojos con un pañuelo de encaje, “¡Daba lástima!”

La reina miró fijamente a su hija, con el semblante huraño.

“El precio del liderazgo consiste en controlar tus sentimientos, querida. Por cierto, cuando le hayas puesto la brida a un caballo, no te permitas desearla, ni tampoco se la quites antes de haber terminado con él. Y sobre todo, no le dejes saber cuál es su verdadera naturaleza. Ahora, deberás elegir al caballo que llevará tu brida.

La hija de la reina se tomó su tiempo para elegir al caballo de tiro perfecto para que llevase su brida. Finalmente, encontró un hermoso y fuerte caballo de tiro, y todo el reino celebró con un gran festival la colocación de la brida. La princesa disfrutó de la adoración de su pueblo, mientras sacaba la brida y la colocaba sobre la cabeza del caballo. Pero tan pronto como el bocado tocó la lengua del caballo, la brida se transformó: el cuero gastado se convirtió en hilo de oro y plata, engastado de perlas y rubíes. La princesa boqueó al contemplarla, al igual que su pueblo. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que todos habían dejado de mirarla; ahora miraban al caballo de tiro. El corazón de la princesa empezó a sentir resentimiento. Notando el malestar de su hija, la reina rompió el silencio: “¡Pero no olvidemos a la mujer detrás del caballo de tiro!”. Los nobles allí reunidos se mostraron de acuerdo con su reina y brindaron por la elección de la princesa.

Tal y como había dicho su madre, cada vez que la princesa tenía una necesidad, el caballo de tiro la satisfacía. Cuando su reino se vio amenazado por bárbaros norteños, el caballo de tiro construyó un castillo para frustrar la invasión, y lideró la carga contra el enemigo. Cuando el reino se vio preso de la hambruna, y la princesa sintió miedo por primera vez, el caballo de tiro tiró del arado con más fuerza y rapidez que ningún otro caballo, todo ello por el orgullo que le daba su brida. Pero la princesa no estaba contenta. Secretamente, le enfurecía la admiración que despertaba el caballo cuando llevaba la brida. La gente se detenía a observarlo y a maravillarse por lo fuerte que era y por lo mucho que había conseguido. Le otorgaron títulos por sus grandes hazañas, y cada mirada de admiración, cada trofeo, eran como un puñal en el corazón de la princesa. Después de todo, el caballo vivía para satisfacer SUS necesidades, la servía A ELLA, se sacrificaba por SU fragilidad. La brida debería ser suya, y toda la atención que se le daba a él le pertenecería por derecho a ella. Pero recordando las palabras de su madre, “no te permitas desearla, no se la quites antes de haber terminado con él, y sobre todo, no le dejes saber cuál es su verdadera naturaleza”, la princesa no se rindió a su envidia.

Un día, un dignatario de otras tierras que estaba de paso mencionó la belleza y la majestuosidad del castillo que había construido el caballo de tiro, lo maravilloso que era y lo ingenioso que había sido el caballo a la hora de construirlo. El caballo de tiro se enorgulleció por los cumplidos del dignatario, y la princesa se enfureció. Ya tenía bastante con que su propio pueblo admirase al caballo de tiro, ¿ahora también tenía que soportar la admiración de un extranjero? La princesa fue incapaz de contener su ira y grito: “¡Puede que lo construyera él, pero lo construyó PARA MÍ!”, y se alejó del dignatario.

Aquella noche, la princesa fue hasta los establos y se introdujo en el compartimento del caballo. Al ver cómo dormía con la hermosa brida, rodeado de todas sus medallas y trofeos, la furia se apoderó de ella.

“¡Caballo estúpido!”. El caballo se despertó. “¡Te permití que llevaras la brida, pero nunca dejó de ser mía! ¡Sólo la utilicé para controlarte, y mira lo que has hecho! ¡Se suponía que tenías que vivir para satisfacer mis necesidades, pero te has quedado lo mejor para ti! ¡Dame la brida!”

De un tirón, la princesa le quitó la brida al caballo. En sus manos, la brida se convirtió de nuevo en cuero cuarteado y hierro oxidado. La princesa se quedó mirando la brida, boquiabierta, y el caballo hizo lo mismo. Ahora que el caballo había visto lo que era la brida realmente (cuero gastado y, sobre todo, una brida), su actitud cambió de inmediato. Se encabritó, rasgando el aire con sus poderosos cascos. Con las prisas por salir del compartimento y alejarse del caballo, la princesa dejó caer la brida. El caballo giró la cabeza hacia la puerta de los establos. Estaba abierta. La princesa había olvidado cerrarla por la codicia que sentía. Las fosas nasales del caballo se ensancharon, captando el aroma de largas carreras nocturnas, aguas abiertas y pasto salvaje. Salió como un rayo por la puerta abierta, pisoteando la brida al escapar. Una vez se hubo marchado el caballo, la princesa observó la brida de cuero cuarteado, que yacía rota en el suelo. Ahora que no estaba en la cabeza del caballo, no poseía ninguna magia. Ya no había nada deseable en la brida, y la princesa sintió un horror creciente al comprender finalmente la advertencia de su madre. El único valor real de la brida era su capacidad para controlar al caballo de tiro. Y ella había perdido aquella magia para siempre.

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El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.
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