Privilege

El “privilegio” como picana de ganado

Traducción de un artículo original de Hannah Wallen.

La finalidad del mensaje de “privilegio” según lo emplean los ideólogos de las políticas del victimismo, es normalizar la apariencia de desventaja. Esto tiene dos efectos inmediatos y premeditados. En primer lugar, impone sobre aquellos individuos considerados desfavorecidos una sensación de resentimiento contra aquellos que no lo están. En segundo lugar, impone sobre aquellos individuos no considerados desfavorecidos una sensación de complejo de culpa; un malestar por sentir que se está en mejor situación que los demás, incluso si ese individuo no provoca la desventaja de nadie. La forma de conseguirlo es considerar que la condición de “no desfavorecido” es un beneficio inmerecido del individuo, y que por tanto constituye una trampa contra los miembros del otro grupo, el “grupo empujado a resentirse”. Así, acaba pareciendo que la condición de “no desfavorecido” es algo que un grupo (el “grupo al que se pretende controlar”) le ha arrebatado al otro (el “grupo empujado a resentirse”); y de esa forma, los ideólogos consiguen que el grupo al que se pretende controlar sea descrito como “opresores”.

El propósito de todo este proceso no es otro que modificar la reacción del ser humano ante las circunstancias reales de desventaja: el impulso de ayudar a aquellos considerados desfavorecidos para que mejoren, se sustituye por el impulso de castigar de alguna forma a los favorecidos (“privilegiados”), dando por hecho que perjudicar a los favorecidos resultará en beneficio para los desfavorecidos. Lo que se persigue es crear una sensación de justificación para que el grupo ideólogo pueda infringir los derechos humanos (o lo que normalmente se consideraría como tal) de aquellos que califican de “privilegiados”. De esa forma, el grupo ideólogo logra ejercer un cierto control social y político sobre cualquier grupo al que consiga aplicarle esa etiqueta.

Para el grupo ideólogo esta estrategia resulta más difícil si la desventaja atribuida al grupo “desfavorecido” no se considera (o no se puede considerar) como una desventaja universal, grave e influyente para ese grupo, y completamente inexistente y ausente para el grupo “no desfavorecido”.

Y por eso, cuando estas condiciones, que los ideólogos consideran desventajas, se producen en ambos grupos, estos administradores del “privilegio” intentan enfatizar o exagerar el sufrimiento del “grupo empujado a resentirse”, y al mismo tiempo intentan disminuir la percepción de su existencia, gravedad o impacto sobre el “grupo al que se pretende controlar”, incluso si se presentan datos que contradicen sus afirmaciones.

Aquí se incluye el mostrarse ofendido cuando se debaten las desventajas sufridas por el “grupo al que se pretende controlar”, sobre todo cuando esa desventaja podría aumentar el estado de victimización de dicho grupo y ponerlo por encima del “grupo empujado a resentirse”.

Y esto lleva a declaraciones absolutamente demenciales por parte de miembros del grupo ideólogo. Por ejemplo, afirmar que una cierta desventaja no es negativa si la experimenta alguien del “grupo al que se pretende controlar”, o que una actitud que se considera “llena de odio” no lo es cuando se dirige contra el “grupo al que se pretenden controlar”, o que el sufrimiento de los miembros del “grupo empujado a resentirse” anula por completo cualquier sufrimiento experimentado por el “grupo al que se pretende controlar”.

Este comportamiento sigue los pasos de una campaña de deshumanización. El “grupo al que se pretende controlar” es identificado como un grupo. Este grupo es difamado cuando se anuncia que no están sujetos a las desventajas atribuidas al otro grupo. Se les culpa de beneficiarse de no estar sujetos a esas desventajas. El grupo es amansado mediante el sentimiento de culpa por la disparidad entre sus experiencias y las de otros. Finalmente, el grupo ideólogo los gobierna manteniendo cuidadosamente la imagen pública de ese grupo (que se percibe como injustamente beneficiado), e imponiéndoles leyes y políticas de control, en beneficio (aparente) del grupo empujado a resentirse.

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El Ratel ("The Badger") has helplessly seen the rise of politically correct nonsense, inclusive language and feminist ideology in his native country, Spain. After getting in contact with the MRM and antifeminist ideas, his attempts to talk about it were met with disdain and disgust. That is why he adopted a secret identity and started doing what he does best: spreading information by means of writing and translation.

El Ratel ha presenciado el auge de las estupideces políticamente correcta, el lenguaje inclusivo y la ideología feminista en su país natal, España. Tras entrar en contacto con las ideas del Movimiento por los Derechos del Hombre y el antifeminismo, sus intentos por hablar de ello fueron recibidos con desdén y desprecio. Por eso, tomó la decisión de adoptar una identidad secreta y hacer lo que mejor se le da: difundir información a través de la escritura y la traducción.
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